Que recognito escondite al que te afanaste sin pensar, que en un tiempo sin medida lo tendrías que soltar
Son mis noches y mis días, auroras que anochecen. Y diluvios, de los llantos que he osado llorarte ingrato y despiadado.
Así es a ti te hablo a ti te escribo, a ti a a nadie a la vez.
A mi soledad que me carcome, y disfruto masoquista-mente a esto que escarmiento.
Son santos, he incrédulos, los que me persiguen hasta por debajo de mi sombra, sin saber que nunca me tendrán.
Soy como resucitar a un muerto, soy una especie de utopía que nadie ha imaginado, soy la mujer que nunca esperaste más la que siempre llegó, soy un ruido ensilenciado del soliloquio de tu alma, tengo mil y un comparaciones incomparables. Soy impensable he inimaginable.
Mi cuerpo tal cual curvas de guitarra, jamás será tuyo, ni de nadie. Eso que todos necesitan, y hasta se enferman de tanto pensarlo, ese afanoso acto sexual con el que se desvelan cientos de hombres, esas chicas de revista que se exhiben y se venden, no me importa lo que diga la sociedad.Soy el agnosticismo en carne viva, el escepticismo sin medida y soy inclusive una clase de Atea que cree en un Dios, que nadie conoce y que nadie jamás conocerá.
jueves, 12 de julio de 2012
Percibiendo el más allá
Mi otra vida me llama,
mi otra vida que ya paso. Me llama mi otra vida, futura la muerte me acecha en
lugares como este. El campo verde, los sonidos de la lluvia, la suave
melancolía que se puede percibir en el sulfurante aire catedrático, que
transita mi nariz.
Es demasiado, demasiado
poco lo que entiendo de la vida, que se supone debo de vivir. No recuerdo
porque estoy aquí no recuerdo en que me convertí. Alguien me acompaña día y
noche y no le logro ver, no comprendo no sé quién es él. Sería ingenuo pensar
que un ángel, más diabólico pensar que es un demonio.
Me parece que no comprender se ha vuelto
racional, y normal. Pero esos recuerdos que continuamente me asechan vienen, y
se van. Como si fuesen traídos por alguna extraña fuerza distinta a la mía he
incompatible con mi vista, por lo menos en este mundo. Es el mundo en el que
estoy el que no me deja opción, de la percepción que obtengo; de los utópicos
lugares perfectos, que aparecen en mis sueños lucidos como el día.
Es una percepción humana, infraganti; decente
de que no hay más allá y de que si hay, pues no está acá.
Es curioso como suelo recordar
aquel vaivén como si aún estuviera aquí, quizá todos pertenecemos a la misma
dimensión, y quizá el pasado y el futuro forman el presente, o quizá más
racionalmente el presente y el pasado conformen un futuro.
Recuerdo cuando
caminaba, por el pasto húmedo a causa del rocío, con mi vestido de bodas. Quizá
no quería, o quizá simplemente debía de ser así.
Y entonces desperté, en
el presente por el que transito diariamente. En mi vida misma, que deja de ser
un sueño en un abrir y cerrar de ojos.
Sonaban las láminas de
zinc en el alto de aquella casa, y las ramas de los árboles chocaban contra las
ventanas produciendo un tenebroso ruido. La noche era espesa, la luna apenas y
se asomaba tras una nube que acaparaba la inmensa belleza de la noche, obscura,
tal cual sucede cuando no hay luna que alumbre.
Iniciaba con una leve
asimilación de aquel sueño y de aquel lugar tan maravilloso, en donde yacía yo,
hace cinco segundos. Pero no veía mi figura perfecta, ni el novio perfecto, ni
el cielo de azul teñido y me sentía triste. La realidad me acechaba y por más
que intentaba librarme de ella, no podía. Suicidarme, no que horror yo era
incapaz. Qué pensarían los demás, aunque eso ya no tendría importancia alguna,
ya que estaría muerta
Y la muerte, torna
nuevamente en lo desconocido, tal vez debería de salir adelante, quizá podía
vivir durmiendo para siempre. Hibernando los años que tenga que vivir, o los
años que Dios quiera como suelen creer aquellos ingenuos que se amparan en las
religiones. Volverme ingenua era mi opción, ingenua he ignorante. Ignoraré toda
maldad y repulsión que la sociedad albergue y me volveré ingenua creyendo que
todos son de buenos pensamientos. Así quizá cuando alguien este teniendo una
risa sarcástica de mi persona, yo lo ignoraré y pensaré que es un chiste, y así
cuando alguien planee asesinarme, mi ingenuidad saldrá a flote, y yo no lo abre
ni imaginado.
Continuare, con mi
inspiración aunque quizá mucho tiempo pasó ya. Pero depende, todo depende, tal
cual Jarabe de palo, y así como García Márquez escondió la soledad tras sus 100
años de muerte inesperada, escondo yo mis optimismos en un par de líneas
realistas.
Y ahora, seguiré
viviendo después de aquel planeado asesinato que me dejo, volver a nacer.
Fue junto con Tomas Moró que creció mi utopía
en una vida pasada, y hoy? Que será hoy
de mi utopía, y de la vuestra? Será un precioso paisaje dibujado por Robert
Owen, en el cual pondremos nuestro modernismo implícito, y con la ayuda de
photoshop pondremos en el nuestra foto. Si esta es la real utopía modernista,
que se da a causa de una revolución industrial en el siglo XVII que será del
siglo XXI o reitero, que es?. Una futura guerra por agua, un colapso mundial
sin Mark Zuckerberg, un libertinaje mundial, un camuflaje de una falsa
reedición del Malleus Maleficarum para matar en
lugar de quemar, inocentes en vez de brujas. Es sencillo, no es ningún
sarcasmo, Bob Marley hoy en día se ha convertido en Manhatma Gandhi.
La literatura tiene precios como para la
burguesía, y al proletariado lo mantienen al margen de la realidad mundial y
nacional leyendo las falsas noticias de los periódicos amarillistas.
Y entonces se va, se va la vida, cada día,
cada minuto, y hasta cada segundo. Pero esto no es importante en el presente
del que hablo, esto será importante en un futuro, y cuando este futuro llegue a
ser presente ya será demasiado tarde. Y eso que para algunos ya es tarde, ya
que ese futuro, es presente, y este del que hablo donde hay un chance, fue
pasado y ya paso.
Continuare, en busca de mi optimismo perdido,
aunque quizá este esté entre las sabanas de mi cama, simplemente porque ahí
sueño, ahí esta mi utopía y ahí también hago el amor. Y no es que tenga sexo,
en realidad es que hago el amor. Quizá no muy a menudo, quizá nunca lo he
hecho, pero sé, que puedo fantasear con la ingenua perfección de un hombre
soñado que pronto va a llegar. Porque ahí está mi optimismo en el amor.
No quiero decir que necesite a un hombre, el
amor en realidad, es una eternidad concebida a la muerte, es negar la muerte es
querer eternidad. Y lo que deseo más, que nada, o más que todo en realidad. Es
la eternidad de una felicidad utópica, quiero un paraíso perdido dibujado, para que nadie me encuentre, porque mi necesidad
es, encontrarme a mí misma, conocerme a mí misma, y si no me conozco ni yo,
como me podré presentar. Con mi nombre, pero muchas tienen y tendrán mi nombre,
por mi físico, con este solo me reconocerán y este cambia día a día y envejece
y algún día se cumplirá una dialectía, planteada en la contracción y en la
teoría de un proceso donde todo vuelve a ser vida, pero nada es vida a la vez
Y sucedió, tal cual cita Kansas, todo se
convirtió en polvo, polvo en el viento, todo se transformó en nada. Y surge el
nadaísmo, y surgen las protestas de manera elocuente y facunda, algo lírica
quizá la nueva forma de rebelión. Y prosiguen las guerras y nos idiotizan, y
nos transforman en surrealistas, egocentristas víctimas de un sistema
capitalista.
Y así duermo y así despierto, una noche, una
madrugada, pesadillas incesantes, y lo peor es que son mi realidad, nuestra
realidad, una realidad aceptada por la burguesía y sin remedio para la minoría.
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